Consumidores compulsivos de información #RedesSociales

Mayor acceso a la información debería traducirse en ciudadanos más informados y no en consumidores compulsivos sin criterio.

“Esta tipa es una maldita abusiva y ladrona”, comenta alguien en Facebook bajo la imagen en la que aparece una mujer de cabello castaño y tez clara. “Vamos a exhibirla compartiéndolo y boicotear sus productos”, agrega otro usuario. Sobre la fotografía se lee: “Francesa patenta bordados oaxaqueños. Indígenas ya no podrán hacer su ropa”.

La mujer a la que se refiere Jesús Fuentes, autor del texto, y contra la que despotrican los usuarios, es Isabel Marant, una diseñadora de moda originaria de Francia. Alguien más arremete: “No soy mexicana pero estos perros –los franceses– me indigna buscan cualquier excusa para robar! Después preguntan x que los odian (sic)”.

En una semana el texto, publicado originalmente en el blog hechoinformativo.com, es compartido en Facebook 13 mil 200 veces, recibe 14 mil 300 “Me gusta” y más de mil 700 comentarios. Estos últimos van desde propuestas para vetar la entrada de Marant a México hasta evocaciones de la Guerra de los Pasteles entre México y Francia en 1838. Alguien incluso defiende la agresividad de las opiniones: “Vino a robar el talento de una cultura indígena mexicana!! Así q están justificados los comentarios a mi humilde parecer!! (sic)”. Varios de los usuarios que intentan apaciguar los ánimos terminan involucrados en ardientes debates sobre moral y leyes.

Poco importa que la fuente de la noticia sea el mismo blog que días atrás “confirmó” el –supuesto– inicio de la tercera guerra mundial o que publicó el “escalofriante” mensaje del grupo yihadista Estado Islámico dirigido a los mexicanos. Ambas informaciones falsas; pero ambas con un número alto de “Me gusta” y comentarios.

La noticia sobre la compra de la patente, como era de esperarse, también resultó falsa. En realidad, la diseñadora fue acusada de plagio por el gobierno municipal del pueblo oaxaqueño de Santa María Tlahuitoltepec en junio de este año, y no de haber comprado los derechos de autor de la prenda y exigir que se prohibiera su fabricación en México, como menciona el texto.

Con esta invención se eliminó la diferencia que hay entre plagiar un diseño y adquirir los derechos de autor de una blusa tradicional y exigir que se prohíba que las personas de esta comunidad la produzcan sin pagar por concesiones. Por eso, cuando Marant desmintió el rumor a través de su cuenta de Facebook, se desató otra lluvia de insultos y acusaciones del mismo tipo que las anteriores.

Este hecho no es algo aislado. La dinámica parece ser tendencia: la condena, casi sin tiempo para replicar, de personas, actos y situaciones en función de un título o una imagen publicada en las redes sociales. Y nada más. Basta con leer el encabezado de una "noticia" publicada en alguna red social para que los usuarios la den por cierta. Y no solo eso: lo que viene a continuación es una ola de indignación y furia muy similar a la que se desató bajo la imagen de la diseñadora francesa en las últimas semanas.

Fue como si el patriotismo resurgiera junto a una explosión de empatía sin precedentes, pero matizado por un enojo ciego. Los miles de “Me gusta” y “Shares” generaron un ciclo difícil de romper al propagar el rumor y reafirmar así la percepción de su veracidad.

Estas acciones parecen una réplica del comportamiento que anteriormente tenía el televidente común. Ese que con leer el titular de un noticiero daba por sentado que se trataba de una verdad. El “lo vi en la televisión” ha sido complementado con un “lo leí en tal o cual red”.

Es un fenómeno interesante. Hace una década la televisión, por ser un medio al que solo tenían acceso ciertos grupos y personajes, ejercía, entre otras cosas, la función de validador –confirmaba como cierto lo que transmitía–. Hoy ese puesto es compartido con las redes sociales, a pesar de que estas estén al alcance de cualquier persona con cualquier intención.

Con la misma facilidad se publica una noticia sobre la quema de un campamento de refugiados sirios, la venta de los derechos del himno nacional mexicano, el regreso del “robachicos” o, más recientemente, la adquisición de la patente de la blusa tradicional mixe. Sin importar su veracidad, en cuestión de horas, de muro en muro, el dato ya ha dado la vuelta al mundo.

El problema, sin embargo, no es la facilidad para “viralizar” información (en ocasiones resulta positivo e incluso necesario), sino lo que subyace a la furia que miles de usuarios dejaron fluir en sus comentarios como respuesta a datos falsos: una falta generalizada de criterio y capacidad de análisis.

Aunque nadie está exento de la exposición a datos tergiversados o incluso inventados –la red, carente de filtros, está llena de ellos–, al mismo tiempo todos pueden evitar caer en el juego de las informaciones falsas y la furia y miedo infundados que se pueden desencadenar.

"El diablo está en los detalles", dice el dicho. Y los detalles integran también el contexto. Por eso en RedesQuintoPoder recomendamos a los usuarios de redes sociales que se tomen el tiempo: den clic a la liga, analicen el contenido, verifiquen la fuente y comparen la información con la de otros sitios serios y oficiales.

Una ciudadanía bien informada fortalece la democracia. De otro modo, el acceso a la información que tenemos no se traduce en ciudadanos conscientes sino en consumidores compulsivos sin criterio.

Lo peor que les puede pasar al verificar información antes de compartirla en sus redes es construirse una versión más integral de la verdad y seguramente evitarse un dolor de cabeza por patentes que nunca se han comprado.

Redesquintopoder.org
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Colaboró en este texto: Oziel Gómez Pérez